ANIVERSARIO MUERTE MADRE MARIANA

El día 15 de marzo de 1933, a las 18,30, en la ciudad de Madrid, Madre Mariana nos dejó, a los 78 años de edad.

Había nacido en Tepic, México, y desde allí Dios fue dirigiendo sus pasos hasta hacerla "ciudadana de todo el mundo". Prácticamente todos los periódicos de Madrid se hacían eco de la noticia, destacando su espíritu misionero, que la llevó a extender la obra trinitaria más allá de nuestras fronteras. Era su pasión que el nombre de Dios Trinidad, y el significado que tiene para cada persona y para toda la familia humana, fuera conocido. Glorificar a Dios Trinidad, para Madre Mariana, era amar hasta dar la vida, y el ejemplo más claro del Amor es la entrega incondicional por todos los que la sociedad excluye.

La prensa de día, y todos los que la conocen, resaltan la estrecha relación con la vida, espíritu y misión del Padre Méndez. Esta relación se remonta a los orígenes de su vocación, y culmina en el momento de compartir y comenzar la inspiración y obra que Dios les confiaba: la fundación de nuestro Instituto. Pero la colaboración se va a prolongar más allá de la muerte. Madre Mariana continuó dirigiendo y animando la Obra de Porta Coeli, en favor de "los golfillos", después de la muerte del Padre Méndez; y al mismo tiempo siente que la intercesión del fundador, no cesa en ningún momento.

Para quien vive de la Fe la Vida llega a su plenitud más allá de nuestros parámetros físicos, sin duda que la estrecha colaboración continúa más allá de los escasos pero intensos años de historia, y más cuando todos los esfuerzos y desvelos se dirigen hacia un único fín: que Dios sea conocido y su proyecto de Amor llegue a todos los rincones de la tierra. Y cuando el Proyecto de Dios es lo único que importa, la Libertad y la Paz, la Justicia y la Misericordia, son posibles.

Hoy ellos nos siguen alentando, y quienes participamos de la inspiración que nos legaron, sentimos su intercesión. Por eso, en este tiempo de cuaresma, de CAMINO Y PASO, de encuentro y conversión, os invitamos especialmente a la oración, que nos abre al Encuentro y a la Comunión con todos los que luchan por un mundo más humano, en paz y más libre, más solidario y más justo.