Aniversario muerte Padre Méndez Casariego

Al llegar el 1 de abril, nuestro recuerdo hacia el P. Méndez ha de ser de amor y agradecimiento. Él nos dejó esta frase como precioso testamento, fiel reflejo y compendio de su vida.

"HIJAS MÍAS NO PIDÁIS  NUNCA NADA,  SINO CUMPLIR EN TODO LA VOLUNTAD DE DIOS"

Desde que cambia su vocación de ingeniero por la de sacerdote, la constante en su vida es cumplir la voluntad de Dios. Su sacerdocio es una entrega total a Dios y a los demás en su ministerio. Su actividad pastoral se centra especialmente en la atención a las jóvenes más necesitadas que buscan orientación y consejo, a los golfillos que caminan sin rumbo por las calles de Madrid, y también a toda persona que acudía a él en busca de ayuda, tanto espiritual como material.

¿De dónde sacaba la fuerza interior que le hacía estar siempre atento a las necesidades del prójimo? Sin duda, de sus largas horas de oración y adoración ante Jesús en la Eucaristía. En sus cartas y orientaciones espirituales, su recomendación insistente a las trinitarias es que centremos nuestra espiritualidad en la Eucaristía, de donde podemos sacar la fuerza para nuestro apostolado.

En la carta que escribe después de unos Ejercicios espirituales, en octubre de 1916, nos deja un modelo de visitas cortas a Jesús en el sagrario, diciendo que el objetivo de estas visitas es: “Corresponder al amor de Jesucristo que está encerrado en el sagrario por nosotros”. Acercarnos hoy, aniversario de su muerte, para recordar su vida, ha de ser para nosotras, rememorar con verdadero amor de hijas, la figura humana y espiritual de este gran hombre, de este sacerdote ejemplar, que fiel a su llamada y vocación entregó su vida en servicio a los más necesitados.

Deseamos que su vida sea conocida por la sociedad de nuestro tiempo, por los sacerdotes, por todas las personas entregadas a la acción caritativa y social, y que pronto sea reconocida su santidad también por la Iglesia, para que su mensaje llegue a todos los rincones de la tierra. De estas vidas ejemplares está necesitando la Iglesia y la sociedad de hoy. Este siervo bueno y fiel no guardó sus talentos sino que los puso al servicio de los más necesitados, atento siempre a cumplir en todo la voluntad de Dios. Con el Salmista pudo repetir a lo largo de su vida: “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad” (Salmo 39).