Aniversario nacimiento Padre Méndez Casariego

La Gracia de Dios no fue estéril “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia de Dios no ha sido estéril en mí” (1Cor 15,10)

Reflexionando sobre las palabras de Pablo a los corintios, (1Cor 15,10) pienso que pueden ser muy bien aplicadas a nuestro querido Padre Fundador, al recordar la fecha de su nacimiento el 21 de junio. La gracia de Dios no fue vana en él; Dios le colmó de dones y gracias especiales, a las que supo corresponder en el transcurso de su vida. Ya en su niñez y adolescencia manifestó que la gracia de Dios lo iba formando y enriqueciendo interiormente, como lo demuestra su vida de piedad, su generosidad con los compañeros y su humildad. También su juventud está marcada por esa correspondencia a la gracia, que va haciendo de él un apóstol entre sus compañeros.

Como congregante mariano, siendo aún muy joven, asume su responsabilidad apostólica, acudiendo todos los domingos a cumplir con los compromisos adquiridos. Se prepara espiritualmente con un largo rato de oración, junto con sus compañeros, con los que acude al Oratorio del Olivar los domingos por la mañana, donde los PP. Jesuitas les dirigen y orientan, primero en la oración y después en las obras apostólicas y caritativas que realizarán por la tarde en el Hospital General de Madrid. Allí visitaban a los enfermos, realizando a la vez los oficios más humildes, como lavar los pies, curar las heridas y llagas y todos los demás servicios que precisaban. Y sobre todo, escuchar sus penas, sus problemas, llevarles el consuelo y la esperanza cristiana en medio de su enfermedad.

La oración y la acción caritativa con los enfermos y excluidos de la sociedad de su tiempo, son el lugar en que encuentra a Dios, la mejor preparación para recibir más tarde su llamada. Esta llamada la recordará siempre. Nos la deja descrita con todo detalle en sus cartas, pues es lo que va a marcar toda su vida sacerdotal y apostólica: “De la misma suerte que hasta el día 30 de septiembre de 1868 no pensé en ser sacerdote sino ingeniero, y en aquel día –de repente- al ver que un amigo que quería ser sacerdote se acobardó y me dijo que ya no lo iba a ser, sino que quería ser médico; sin saber por qué, sentí en mi corazón una voz y una decisión especial.. Y dejando las matemáticas, la física y la mecánica y los otros estudios, empecé la carrera sacerdotal”. Francisco reconoce en esta llamada la voz clara e inconfundible de Dios sobre él. Le servirá como sacerdote toda su vida, a Él directamente y a Él en los más necesitados.

Por eso no separará nunca el amor de Dios del amor al prójimo. Su vida quedará marcada por esta entrega a Dios y a los necesitados. La gracia de Dios y su respuesta personal al querer divino lo va moldeando interiormente. Lucha por vivir la radicalidad de la perfección cristiana, pues es con una vida ejemplar y llena de la luz del Espíritu Santo como podrá iluminar a los demás. Descubre los inmensos tesoros de Cristo en la pobreza de espíritu y en el servicio a los pobres, llegando a hacerse uno con ellos. Toda su vida es el mejor ejemplo de pobreza evangélica, muriendo como verdadero pobre, abrasado por la caridad de Cristo. Sí, “la gracia de Dios no fue estéril en él”. Esta correspondencia a la gracia que marcó su vida, y que nos recomienda como itinerario a seguir en nuestra vida espiritual, puede ser el mejor mensaje que hoy nos trae el P. Méndez al celebrar el 167 Aniversario de su nacimiento. Agradecemos al Señor su vida de entrega, su capacidad de amor a los hermanos más pobres y necesitados, su carisma trinitario redentor plasmado y hecho realidad en nuestro instituto y también su fidelidad a la Iglesia.

Una Hermana Trinitaria