Memoria de un encuentro decisivo

LLEGÓ LA HORA DE QUE EL SEÑOR UNIERA LOS SENTIMIENTOS Y LOS DESEOS

El día 10 de Enero celebramos el aniversario de un encuentro decisivo en nuestra historia congregacional: la manifestación de la idea de la fundación, por parte del padre Méndez a madre Mariana, cuando ella estaba en búsqueda y era conocida como la señorita Maria Ana Allsoop.

Ella confesó sus inquietudes y deseos al padre fundador, el cual, inspirado por Dios, le relató lo que Dios le venía pidiendo desde hacía algunos años. En numerosas ocasiones los fundadores se refieren a este encuentro como un encuentro providencial, querido por Dios y destinado a unir los sentimientos e inquietudes que, surgidos de una misma fuente, el Amor de Dios Trinidad, iban a encauzar una misma historia la del Instituto de Hermanas Trinitarias.

Mariana, en 1887, haciendo los ejercicios espirituales ignacianos, en una de sus confesiones íntimas, se siente profundamente conmovida por las gracias recibidas del Señor y desahoga ante él su corazón comunicándole los pensamientos que ocupaban su inteligencia y su corazón respecto de la fundación. Titula a esta confesión “la voz de Dios”. En esta meditación Mariana alude a aquel 10 de enero de 1884 como el momento que trueca totalmente su vida, cuando Dios le habló y sacó su alma de una inmensa oscuridad, iluminándola con un nuevo camino que le ponía delante: una nueva fundación.

La oportunidad de este ENCUENTRO la hemos visto siempre las Trinitarias como una intervención divina dirigida a lo que hoy conocemos como El Instituto de las Hermanas Trinitarias. "Me encontraba como aquel que busca un tesoro y sin cesar pretende hallarlo. Entonces me confesé con el padre Méndez y le comuniqué la causa de mi turbación: deseaba ser religiosa, pero no encontraba nada que respondiera a mis deseos más hondos, pues me parecía que buscaba algo que no existía. Él me comunicó lo que el Señor le inspiraba hacía tiempo. Conforme me hablaba se iba descorriendo un velo ante mis ojos y mi corazón palpitaba de consuelo. Comprendí perfectamente lo que el Señor quería de mí desde aquel afortunado momento. !Bien podemos decir que llegó la hora de que el Señor uniera los sentimientos y deseos! Y sin dudar le respondí: Yo tomaré parte en esa fundación... "